PROYECTO DE INVESTIGACIÓN DE CÉSAR SECO Parte 1
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De profundis

He recorrido el palacio mágico del sueño. Me he fatigado en vano por descubrir el vestigio de una mujer ausente de este mundo. Yo deseaba restablecerla en mi pensamiento.

Conservo mis afectos de adolescente sufrido y cabizbajo. Su belleza adornaba una calle de ruinas. Yo me insinuaba hasta su ventana en medio de la oscuridad crepuscular. Me excedía en algunos años y yo ocultaba de los maldicientes mi pasión delirante.

Dejó de presentarse en una noche de temores y congojas y recordé infructuosamente las señas de su vivienda. Un temporal corría la inmensidad.

Yo seguí a desahogar la melancolía indeleble en una aventura, donde mis compañeros se perdieron y murieron. Yo amanecí en el recinto de una iglesia, monumento erigido por una doncella de otros siglos. El sacerdote encarecía las pruebas de su devoción y anunciaba desde el púlpito amenazas invariables. Celebró después el oficio de difuntos y llenó mis oídos con el rumor de un salmo siniestro.

De El cielo de esmalte, 1929


Piedad


No era ni amor lo que ella me tenía;
era tal vez piedad, lástima era,
porque mi oculta pena comprendía
y ella se compadece de cualquiera.

Hoy que voy recobrando mi alegría,
animado quizás de una quimera,
se va tornando mucho menos mía,
como si ella ya no me quisiera.

Yo sí he formado de mi amor un culto,
y en tanto aquí mi juventud sepulto
y la aureola del martirio ciño.

¡No me quites, Señor; mi sufrimiento,
si es que habré de perder con mi tormento
la conmiseración de su cariño!...






.

Desorientación


Desorientado en medio de la llanura
desolada, no encuentro la dirección,
pues no hay polar estrella, ni tengo brújula,
ni en el Orto sombrío despunta el Sol.

Camino largo trecho, camino mucho,
del imprevisto acaso siempre a merced;
y cuando la fatiga detiene el rumbo,
siempre en el mismo sitio me hallo de pie.

Es porque retrocedo siempre que avanzo.
Los puntos cardinales trastueca el gris
nocturno y soy peonza sobre mis pasos,
sin que del llano negro logre salir.

Fluir oigo en remota clepsidra, el agua,
muerto de sed y ardido por el calor…
Y no sé en mi extravío ni a dónde vaya,
ni en dónde estoy!



.

La órbita del agua



Vamos a embarcar, amigos,
para el viaje de la gota de agua.
Es una gota, apenas, como el ojo de un pájaro.

Para nosotros no es sino un punto,
una semilla de luz,
una semilla da agua,
la mitad de lágrima de una sonrisa,
pero le cabe el cielo
y sería el naufragio de una hormiga.

Vamos a seguir, amigos,
la órbita de la gota de agua:
De la cresta de un ola
salta, con el vapor de la mañana;
sube a la costa de una nube
insular en el cielo, blanca, como una playa;
viaja hacia el Occidente,
llueve en el pico de una montaña,
abrillanta las hojas,
esmalta los retoños,
rueda en una quebrada,
se sazona en el jugo de las frutas caídas,
brinca en las cataratas,
desemboca en el Río, va corriendo hacia el Este,
corta en dos la sabana,
hace piruetas en los remolinos
y en los anchos remansos se dilata
como la pupila de un gato,
sigue hacia el Este en la marea baja,
llega al mar, a la cresta de su ola
y hemos llegado, amigos... Volveremos mañana.

El muro


Beauty is truth, truth beauty, that is all
Ye know on earth, and all ye need to know
John Keats

I
Un muro en la tarde,
y en la hora
una línea blanca, indefinida
sobre el campo verde
y bajo el cielo.

II
Un pájaro -en hoja y viento-
ha puesto su canción más bella
sobre el muro.

III
Enlutado de su propia existencia
-detenida entre su breve sombra
y su destino-
un zamuro, bello por la distancia y por el vuelo,
infunde angustia en el alma profeta:
una fría angustia, cuando
certero, como vencida flecha
-oscura flecha que aún conserva su impulso inicial-
cae tras el muro.

IV
La vida es una constante
y hermosa destrucción:
vivir es hacer daño.

V
Pero el muro,
el silencioso y blanco muro
parece que nos dice:
«hasta aquí llegan tus ojos,
menos agudos que tu instinto.

Yo separo tu vida de otras vidas
pequeñas; pero grandes cuando el ocaso,
el oro insinuante del ocaso llega».
...

Canto de rebeldía


Yo era un hombre cuando cierto día
encontré a mi padre parado en mi vía.

Alto como torre, duro como bloque,
firme como prócer, fuerte como padre.

–Apártate, padre– yo le dije entonces.
–Apártate, padre. Yo ya soy un hombre.
En efecto lo era. Él no lo creía.

Apártate, padre. Voy a mi deber.
Él no comprendía. No le vi ceder.

–Apártate, Padre,– le grité de nuevo.
–Mucha prisa llevo. Mucha fuerza llevo.
–Mucha vida llevo. No te tengo miedo.

Él estaba inmóvil como de basalto.
Me le abalancé las manos en alto,
y en la angosta vía rudo fue el asalto.

¡Oh, qué fuerte era! Nunca lo supuse.
No encontrara antes tan fuerte enemigo.
Todo mi vigor en la luche puse,
hasta que mi padre dio en tierra consigo.

Y cuando jadeante por la libre vía,
lleno de entusiasmo continuar quería,
mi padre, en la tierra, se alzó como pudo,
y con gran orgullo, ¡oh qué orgullo el suyo!,
me gritó: Hijo mío: ¡Sigue! ¡Sigue! ¡Sigue!

Canciones que oyeron mis últimas muñecas


Había olvidado las muñecas
por venirme con él.

De puntillas,
conteniendo el aliento
me alejé de mis niñas de trapo
por no despertarlas…

Ya me iba a colgar de su brazo,
a cantar y bailar
y a sentirme ceñida con él:
como si a la vida
le nacieran ensueños!

Yo no llevaba corona,
pero iban mis manos colmadas
de bejucos floridos de campo,
de alegría, de amor, de fragancias.

Muchas noches pasaron encima
de aquella honda pureza sagrada.
Todo el cielo volcado en nosotros!

Había olvidado las muñecas.

Ahora él se ha ido.
Lo mismo.
Despacito, por no despertarme…

Mi padre el inmigrante (fragmento)

"Mi padre, Juan Bautista Gerbasi, cuya vida es el motivo de este poema, nació en una aldea viñatera de Italia, a orillas del Mar Tirreno, y murió en Canoabo, pequeño pueblo venezolano escondido en una agreste comarca delestado Carabobo"
Vicente Gerbasi

. ...................................I
Venimos de la noche y hacia la noche vamos.
Atrás queda la tierra envuelta en sus vapores,
donde vive el almendro, el niño y el leopardo.
Atrás quedan los días, con lagos, nieves, renos,
con volcanes adustos, con selvas hechizadas
donde moran las sombras azules del espanto.
Atrás quedan las tumbas al pie de los cipreses,
solos en la tristeza de lejanas estrellas.
Atrás quedan las glorias como antorchas que apagan
ráfagas seculares.
Atrás quedan las puertas quejándose en el viento.
Atrás queda la angustia con espejos celestes.
Atrás el tiempo queda como drama en el hombre:
engendrador de vida, engendrador de muerte.
El tiempo que levanta y desgasta columnas,
y murmura en las olas milenarias del mar.
Atrás queda la luz bañando las montañas,
los parques de los niños y los blancos altares.
Pero también la noche con ciudades dolientes,
la noche cotidiana, la que no es noche aún,
sino descanso breve que tiembla en las luciérnagas
o pasa por las almas con golpes de agonía.
La noche que desciende de nuevo hacia la luz,
despertando las flores en valles taciturnos,
refrescando el regazo del agua en las montañas,
lanzando los caballos hacia azules riberas,
mientras la eternidad, entre luces de oro,
avanza silenciosa por prados siderales.
...

Líneas de primera lluvia


Yo tenía sed
de esta lluvia tendida y fuerte de estreno.
Irrumpió en la madrugada propicia
como sonante invasión revolucionaria.
Y me levanté temprano, con calofrío delicioso,
por ver caer el agua nueva sobre la tierra soflamada.
El chorro de la canal de la casa
me bañó con violencia graciosa.
Mi sangre y mi alegría
se rizaron bajo el agua desatada
que calmaba la angustia de la tierra.
He charlado del llover
con los chiquillos vecinos.
Me he sentido infantil el gesto.
Sonó niña mi voz
cuando detuvo el paso de los muñecos vivos
que pugnaban por mojarse.

Y de pronto
el desconsuelo me muerde la carne estremecida del ánimo.

Todos los días pasarán perdidos y lentos.


.

Un día celestial en la tierra


Invento un día celestial aquí en la tierra,
un día para mis ojos, haciendo arder los tablos,
haciendo contacto en los volvos.

Invento un día de Grack Patruck,
para volar a varias millas del Discóbolo,
con el tirnillk de laakribia vuelto lunar.

Porque yo soy el Poderoso de la Llave
el que tiene el Disco del Enigma
clavado en el centro del Huevo Trock Uck.
Yo soy ése, )quién me denigra,
quién pone en duda mis capacidades
de hacer brillar el ojo de la mula que sueña?

Su mirada está aquí, mortal, a chuck de chuck;
está aquí, entre los clavos de algún gabriel sombrío,
en el Cidi Orms de Tinis Catis y en la conchilla;
está aquí, en la basada lúbrica del estiño,
donde ciertos pájaros son como Catones
brujos de enredaderas y de iguanas balacks.

No me lo imaginaba: 600.000 novellis
huyendo hacia los ustarios del sol, qué tefis hornes:
ni con la cruz de este augusto cordero,
ni con aquella otra, ohsiill sihilllllllllllll.

Noviembre 9, 1964

.

Instantánea


—Lo que pasa volando permanece.
—Porque se oculta.
—Y se vuelve a pasar, volando.

En la habitación vacía,
descuidada,
cruzó la ráfaga de alguien.

En el cuarto abandonado
de la casa ruinosa
la luz encarnó en alguien que pasa.

Eternidad del instante ahondado,
escena fijada y sin tiempo.

—Pasa sin pisar, sin cuerpo cierto.
—Sale del vacío, vuelve a él.
—Y en el tránsito, la luz lo asume.

Aparición de lo impreciso:
ser, relámpago, ficción, reflejo,
emanaciones de lo invisible.

Nada y todo, movimiento efímero
de la vida.

El sol alumbró de pronto
de lo que se desvanece,
lo que ya no es.
.

Persistencia


A Ella, (y en realidad sin ningún límite).Con holgura y
placer.

A Ella, la víbora y la abeja: La desnudez preciosa.

A Ella, mi transparencia, mi incoherente arrullo, el rumor
que sube en las raíces de mi lengua.

A Ella, cuando regreso de las inmensas naves que hay en
el cuerpo huraño con un sol inmóvil.

A Ella, mi ritual de beber en su seno porque quiero
comenzar algo, en alguna dirección.

A Ella, que abre el sobre de mis amuletos.

A Ella, que en la balanza anónima de la memoria y en las
horas finales prolonga mi presencia real y mi presencia
ilusoria sobre la tierra.

A Ella, que con una frase insomne divaga en el umbral
de mis lámparas.

A Ella, a causa de un vocablo que me falta y a la vez
usufructo de un breve viaje que podría revelarme.

-Duerme, pero la obra humana es el instante; al dormir
se cierra con furor la gran jaula.

-Despierta, pero esboza en las márgenes de tus cejas el
oro próximo del sueño.

-Revuélcate en la parálisis fuera del yo de los ciegos
viajeros.

¡Adónde mi ninguna faz con años!

A Ella, los abismos que hay de mi amor a mi muerte
cuando caiga a plomo sobre la tierra y en un lugar
de señales desaparezca el sitio de mi ánima sola.

De Filiación oscura, 1966

Piedra de habla


La poetisa cumple medida y riesgo de la piedra de habla.
Se comporta como a través de otras edades de otros litigios.
Ausculta el día y sólo descubre la noche en el plumaje del otoño.
Irrumpe en la sala de las congregaciones vestida del más simple acto.
Se arrodilla con sus riquezas en la madriguera de la iguana…

Una vez todo listo regresa al lugar de origen. Lugar de improperios.
Se niegan sus aves sagradas, su cueva con poca luz, modo y rareza.
Cobardía y extraño arrojo frente a la edad y sus puntos de oro macizo.
La poetisa responde de cada fuego, de toda quimera, entrecejo, altura
que se repite en igual tristeza, en igual forjeceo por más sombra
por una poquita de más dulzura para el envejecido rango.

La poetisa ofrece sus águilas. Resplandece en sus aves de nube profunda.
Se hace dueña de las estaciones, las cuatro perras del buen y mal tiempo.
Se hace dueña de rocallas y peladeros escogidos con toda intención.
Clava una guacamaya donde ha de arrodillarse.
La poetisa cumple medida y riesgo de la piedra de habla.

De Libro de los oficios, 1967.


Del antiguo labrador l


Se viste el hombre
con el traje intocable
del antiguo labrador..
es allí donde se asienta mejor su vestimenta
porque es allí donde nacieron sus alforjas
y ese color fosforescente del ropaje
extendido por sobre el redondo espacio
de los siglos y segundos.
Contempla los extremos de las copas
de las sierras y las nubes.
Fija su mirada en cada gajo
en cada cercanía y distancia
y ni en las altiplanicies y mesetas
ni aun mucho más allá de las crestas
en el esparcimiento de las ciudades
de las alcobas las aulas y los lechos
encuentra el fuego de un fruto
siempre ahí prendido y oloroso
para todo aquel en busca de tierra
que sujetar y prolongar.
Sintiendo entonces, que en su alma
sólo alberga la presencia
de los que nunca conocieron
el zumbido fresco de los ríos
ni supieron de las brisas
cuando resuenan en los espacios
la continuidad del zumo primerizo
coge las semillas y se las ofrenda al sol.
Se halla triste su alma
se halla triste su sangre
en la que se agolpa
la urgencia de sembrar
hasta en la desértica ponzoña.
No le hablan las fases del mundo
ni le resplandecen las palabras
con sus siembras de inacabable profundidad.
Se le han marchado las pupilas ajenas
hacia los horizontes.
Descubre inmóvil la memoria.
Ve cómo las celdas eslabonadas de la inercia
habitan aún el pasado del río primitivo
con el trueno y las grandes algas del amanecer.
Hacia el lugar que contemple
sólo encuentra
torsos alambrados que huyen
labios huecos irremediablemente carcomiéndose
espasmos contagiosamente agónicos
quedándole como signo de su mirar
hacia la tierra
la mujer
el niño
y el anciano
una hiriente zanja
honda
y tan honda que se liga
al peso incontable de la inmensidad.
...

Cementerio judío de praga


El orden sufre, lo transido acaba,
todo está en blanco, en doncellez, suspenso,
todo está en ave en formación, en ala
aún no rendida a la embriaguez del viento.
A la impaciencia virginal que aguarda
le va creciendo en derredor un lecho
nacido entre residuos que trabajan
con trizaduras de ámbito y de cuerpo.
Destino manifiesto en amenaza,
flecha que se dispara desde un resto.
El yo, en caída vertical, señala
un nuevo rumbo entre su añico recto.
La sombra de una faz entra en el alba
como en un rostro sin tocar y abierto.

La nueva cuna se descubre en lápida
que mece un canto maternal, terreno.
maternidad primera y subterránea
labrando el fruto en el hervor del hueso,
madre cautiva y tutelar que engaña
cubriéndose el jardín con un desierto
de vida individual que luego salva
del hombre, del sepulcro y del espectro.
Madre profunda que los nombres cambia
y toca un surtidor en un cabello,
y dice lluvia cuando ve una lágrima
y llama rosa a lo que fue un cerebro.
Cuando yo digo: falta,
ella pronuncia: acervo.
Si un hombre besa rostros que se apagan,
besando está lo personal, lo muerto,
pero ella esquiva rostros como máscaras
y se dispone al infinito beso,
aquel que liga el coágulo y la savia
en primitivo y cálido concierto.
...

Viaje imaginario


Hacia la plaza que luce un fulgor de multitud disuelta,
rectamente, no como filósofo engreído, tampoco
montado en máquinas litúrgicas, con orejas lavadas en cielo.

Hacia la costa, con su vuelco al otro lado,
y hacia la roca que estalla en la parte alta de la esfera.
Hacia lugares previamente determinados por el azar.

Hacia el Este de Caracas, matando tulipanes y abriendo el ojo
para leer qué ocurrió el 15 de noviembre de 1903.
Hacia la división de la inteligencia y las pasiones.

Hacia el mar, que me aterra en sus honduras.
Hacia una montaña de olorosos árboles,
hacia ese sitio, entre pinos, por mi preferido,
y hacia el sol apagado mientras pienso en Dios.

Hacia la vanidad, sombra apenas del objeto.
Hacia el altar del tiempo y hacia Río Chico,
para aclarar lo sucedido alguna vez, de mañana,
en el patio, bajo matas de grosellas, junto a barriles fríos.

Hacia las penas, hacia el paso último,
va mi corazón.

Pajarito que venís tan cansado


Pajarito que venís tan cansado
y que te arrecostás en la piedra a beber
Decíme. ¿No sos Polimnia?
Toda la tarde estuvo mirándome desde No sé donde
Toda la tarde
Y ahora que te veo caigo en cuenta
Venís a consolarme
Vos que siempre estuviste para consolar
Te figurás ahora un pájaro
Ah pájaro esponjadito
Mansamente en la piedra y por la yerbita te acercás
—"Yo soy Polimnia"
Y con razón que una luz de resucitados ha caído aquí mismo
Polimnia riéndote
Polimnia echándome la bendición
—Corazón purísimo.
Pajarito que llegas del cielo
Figuración de un alma
Ya quisiera yo meterte aquí en el pecho
darte de comer
Meterte aquí en el pecho
Y que te quedaras allí
lo más del corazón.

.

Times square


Recuerdo ahora desde el corazón
Del miedo –desde el terror que logra
Enmudecer como una niebla
De palabras duramente aplicadas
Contra la herida azul de nuestros labios
-recuerdo nuestra larga infancia.

He comprendido tarde ayer mañana
Que sólo los rufianes –los sacrosantos
Rufianes aman construir
El misterio de las grandes ciudades.

El resto son esas manos solas
-la solapa semejante a las alas
Del hielo del viejo violinista
Que se ahoga en la luz de Times Square.
En esa multitud y en medio de ella
La indumentaria de la anciana en pena
Que envejeció aquí mismo hace unas horas.

Algunos rostros vuelan a lo largo
Del cielo que comienza a pocos metros
Por encima del odio –algunas bestias
Hacen llover desde su piel con furia
Entre los amantes que se buscan
Sin esperanza alguna en algún parque.

Hemos envejecido sólo en el secreto
De nuestros sueños porque en lo profundo
De ésta y de otras ciudades reconozco
Como a un recuerdo que me llama de lejos
A tu infancia – a tu sombra futura
Lamentable y dulcemente infinita
Como mi infancia y como aquella tierra
Que nos aguarda para que sembremos
Con nuestros huesos nuestro miedo un día.

En los umbrales


Ante puertas erectas
No hay desgaste
apenas plenitud
Ni barniz cuarteado ni leño carcomido
Ni rostro oculto tras el rostro
Serenidad apenas
Nadie insinúa en la noche
Los relieves del día no vivido
Nadie graba en lo oscuro
Borrosos frutos
Estás allí erguido como nunca
Bajo las vetustas arcadas
Y los puentes de un antes que se esfuma
Estás allí
En todos los lugares comunes rezumantes
Los sexos
En recios extravíos y entre los surcos suavizados
¿Quién lo afirma junto al ciprés más hendido y tanta hierba inquebrantable?
Frente a frente posible
Por este día en vislumbres que se arriesga en el júbilo.







.

Derrumbes


Estas paredes ya no existen
y aún ocupan un lugar.
Cruzamos puertas, soportes, soleras,
y aún los olores desaparecidos
están allí con los derrumbes de este tiempo.

De su extinción derivan rastros, lagartijas.
La nada reservada a la estila, a los arcones,
los enseres que precedieron la maraña,
la humedad oculta donde ellos
(infusiones, aceites, duermevelas)
cavilan, resisten a la lama,
a la clausura, a evaporadas lluvias
que redujeron a polvo las vigas y los clavos.

Ahora sustentan el vacio,
opaco resplandor bajo un negado espacio
donde son apenas el secreto de los grillos,
esa maleza triste que trepa los tejados.

(Oikos, 1986).





Minimales (12 fragmento)


Los dioses de la zona tórrida
llevaban macanas.
Ahora llevamos macanas
pero no somos dioses.

La visita que a la pirámide Tikal iba a efectuar la
comitiva concluye en el desastre aéreo donde todos los pasajeros
de la nave perecen
sin que ninguno de
estos

acertara a divisar desde el aire, momentos antes,
cuando el avión sobrevolaba el aeropuerto de Santa
Elena en un último intento de aterrizar, la famosa
pirámide maya.

Por algo se le dice al hombre viajero: su misión
consiste en pasar. En cambio
la
pirámide
siempre queda.


.

Adios al siglo XX


a Alvaro Mutis

Cruzo la calle Marx, la calle Freud;
ando por una orilla de este siglo,
despacio, insomne, caviloso,
espía ad honorem de algún reino gótico,
recogiendo vocales caídas, pequeños guijarros
tatuados de rumor infinito.
La línea de Mondrian frente a mis ojos
va cortando la noche en sombras rectas
ahora que ya no cabe más soledad
en las paredes de vidrio.
Cruzo la calle Mao, la calle Stalin;
miro el instante donde muere un milenio
y otro despunta su terrestre dominio.
Mi siglo vertical y lleno de teorías...
Mi siglo con sus guerras, sus posguerras
y su tambor de Hitler allá lejos,
entre sangre y abismo.
Prosigo entre las piedras de los viejos suburbios
por un trago, por un poco de jazz,
contemplando los dioses que duermen disueltos
en el serrín de los bares,
mientras descifro sus nombres al paso
y sigo mi camino..

El sexo de los ángeles


Mis ángeles son ángeles con sexo.
Yo, nada teológico, pero erecto y divino
veo una mujer ángel en mis sueños.


Tiene espíritu y carne
y tiembla cuando la toco,
vuela en torno mío
como una mariposa de cristal
y se detiene en lo alto de mi torre
de mármol.


Como invitándome a escalarla.
Mi angelesa me cuenta, por las noches,
después de la tormenta del amor,
cosas acerca de la soledad de dios.


Dios está helado
en su propia memoria,
recordando a Lucifer
el ángel de la luz que lo alumbraba
cuando estaba prisionero
del tedio de la eternidad.


Mi angelesa me sigue a todas partes.
Como una mujer fiel.
Yo amo su sexo puro y hermoso
como el tiempo.

Las paces


Lleguemos a un acuerdo, poema.
Ya no te forzaré a decir lo que no quieres
ni tú te resistirás tanto a lo que deseo.
Hemos forcejeado mucho.
¿Para qué este empeño en hacerte a mi imagen
cuando sabes cosas que no sospecho?
Líbrate ya de mí.
Huye sin mirar atrás.
Sálvate antes de que sea tarde.
Pues siempre me rebasas,
sabes decir lo que te impulsa
y yo no,
porque eres más que tú mismo
y yo sólo soy el que trata de reconocerse en ti.
Tengo la extensión de mi deseo
y tú no tienes ninguno,
sólo avanzas hacia donde te diriges
sin mirar la mano que mueves
y te cree suyo cuando te siente brotar de ella
como una sustancia
que se erige.
Imponle tu curso al que escribe, él
sólo sabe ocultarse,
cubrir la novedad,
empobrecerse.
Lo que muestra es una reiteración
cansada.
Poema,
apártate de mí.

Extraído de "Poemas selectos" 2004

Oficio puro


Cómo camina una mujer que recién ha hecho el amor
En qué piensa una mujer que recién ha hecho el amor
Cómo ve el rostro de los demás y los demás cómo ven el rostro de ella
De qué color es la piel de una mujer que recién ha hecho el amor
De qué modo se sienta una mujer que recién ha hecho el amor
Saludará a sus amistades
Pensará que en otros países está nevando
Encenderá y consumirá un cigarrillo
Desnuda en el baño dará vuelta
a la llave del agua fría o del agua caliente
Dará vuelta a las dos a la vez
Cómo se arrodilla una mujer que recién ha hecho el amor
Soñará que la felicidad es un viaje por barco
Regresará a la niñez o más allá de la niñez
Cruzará ríos montañas y llanuras noches domésticas

Dormirá con el sol sobre los ojos
Amanecerá triste alegre vertiginosa
Bello cuerpo de mujer
que no fue dócil ni amable ni sabio.







.

Un loco



A Oswaldo Barreto y José García Quintero


Cuando el loco Pernía se vino caminando
desde Cabimas hasta el Pueblo
-trescientos Son los Kilómetros que separan
un punto de otro-,
halló las aguas del Motatán crecidas.
Miró un inmenso árbol que arrancado de cuajo
por la tempestad del día
daba sus hojas muertas al paisaje del mundo,
y dijo:
"este árbol es el espíritu vegetal
de la mujer que no he tenido nunca",
y con el goce de quien encuentra no formas
sino sentidos en la cruz,
se lo hecho a cuestas y solito lo llevó hasta
el pueblo. Y luego de sembrarlo en la casa
de una de sus hermanas que no amaba por loco,
se marchó volando con él, entre las hojas.








.

Zanahoria rallada


El primer suicidio es único.
Siempre te preguntan si fue un accidente
o un firme propósito de morir.
Te pasan un tubo por la nariz,
con fuerza,
para que duela
y aprendas a no perturbar al prójimo.
Cuando comienzas a explicar que
la-muerte-en-realidad-te parecía-la-única-salida
o que lo haces
para-joder-a-tu-marido-y-a-tu-familia,
ya te han dado la espalda
y están mirando el tubo transparente
por el que desfila tu última cena.
Apuestan si son fideos o arroz chino.
El médico de guardia se muestra intransigente:
es zanahoria rallada.
Asco, dice la enfermera bembona.
Me despacharon furiosos,
porque ninguno ganó la apuesta.
El suero bajó aprisa
y en diez minutos,
ya estaba de vuelta a casa.
No hubo espacio donde llorar,
ni tiempo para sentir frío y temor.
La gente no se ocupa de la muerte por exceso de amor.
Cosas de niños,
dicen,
como si los niños se suicidaran a diario.
Busqué a Hammett en la página precisa:
nunca diré una palabra sobre tu vida
en ningún libro,
si puedo evitarlo.

de Valiente ciudadano, 1994

En el mundo no quieren a los tristes


A Luis Camilo Guevara

Uno tiene derecho a acongojarse
a sentirse vencido

pero en el mundo no quieren a los tristes

Uno está en el deber de levantarse
agarrar su cayado
echar a andar
Optar por esconderse entre sí mismo
Irse a la misma mierda
Desamarrar sus diablos
O simplemente hacerse el monigote
el salsero mayor
el chicle más orondo de la fiesta.








.

Una (fragmentos)


Para ti soy tal vez una huera mujer con el cabello levemente despeinado
digna de un cuadro renacentista o de un ardiente cumplido
o de un piropo (dicho como el azar/con rebuscada elegancia)
de sobra sabes que me avergüenzo de ese otro ser que me esquilma
y me avasalla de repetir hasta borrarme el gesto heredado de pálidas enhiestas amas de casa remotísimas
pero ciertamente hay un rótulo en la sangre
una danza del vientre una marca rotunda
ten en cuenta muchacho de las cavernas
que he ido ganando el derecho a perder de igual a igual el paraíso
la paciencia a compartir la cama
el santo y seña
el mundo fifty fifty o no hay trato
vete acostumbrando hombre voraz
mujer no es sólo receptáculo flor que se arranca y herida va a doblarse en el florero
al fondo de la repisa entre santos y candelabros y trastos de cocina
una mujer es una mujer más sus uñas y sus dientes
lo siento caballero de la brillante armadura
aquella doncella rompió el molde: creció

***

La noche y la luz


La Noche se va haciendo en mí
profunda
revocable como una estación
La oscura esfera de lo oscuro
ha inundado mi ámbito
y se cierra como el beso de dos cúpulas
Ya yo no sé cuál es mi fondo
Soy ahora noche entera
Conservo palabras
pero hoy
ellas no son lo suficientemente diurnas
no pueden guiarme
no son linterna
ni lamparita de media noche
Pienso en Delfos, debo recordar Delfos
cóncava
iluminada
abierta

Debo pensar en el espacio más luminoso del mundo
Delfos, lugar nocturno hecho luz
Es preciso
es preciso realizar de la noche la Luz


Abril, 1982

La carne no tiene ruido


a Felipe Lázaro

La carne no tiene ruido

apenas rastros de la memoria
Tanatorio ardiente dentro de mi cráneo
pasado vivo en la ceniza de los cielos
que evoca al padre con sus disfraces anudados
y su poker de ases en los dedos de brandy
El tiempo crema muros
refleja la cal del suicida
restituye tahúres
con sus loros adinatorios
aturdidos en su ruleta cósmica
Casas de silencio trascendido
Lluvia mustia sobre los fonsarios
escucho sdu voz húmeda
acariciando sus huesos dúctiles
el ornamento de la flores blancas
adormecidas con su aliento
Olvido
entre el grano de la arena original
del cuerpo
que estrecha la arquitectura de su jaula ósea
donde el alma canta como un
cisne helado
La distancia magnética acerca las partituras del Universo
según lal leyes del amor
Pájaro desierto horadando el corazón de la piedra
la calavera amada
que sueña tinieblas
y nos hace morir a cada instante
ya nada será más latido
ni linfa secreta
en nuestros meandros interiores
Eternidad cruzada
por un colibrí nervioso
que aletea sobre el mármol

El camino


Mi padre apremia en este remolino, en este embestir y retroceder, antiguo callejón de los castigos, de la más vieja bestia amante y de la primera serpiente.

Mi padre es un dios que está en la casa gobernando por entre sus pestañas y está a la vez ecuestre allá lejos, donde se quiebra en alto el camino, oheando y silbando toros.

Yo desespero a pie, mi potrón zaino, mi saeta arrebatada por un joven demonio.

Lloro, padre que estás aguardándome, pues el diablo anda en mi cabalgadura, el que desportilla potreros, barajusta rodeos y rompe las compuertas del agua.

Lloro, pues hay que ser hombre y el diablo vuela en mi caballo.

Avanzo a pie a lo largo del desastre y aún me atraen los hermosos traseros de las amazonas. Envidio los lomos de sus bestias cuando se encabritan.

Pero llego al final y despunta vigor nuevo en los pastos.

Es adagio y regreso. Hacia una margen adivino en un bribón patético a nuestro relancino demonio, mustios sus magníficos rasgos brasileros, ofreciendo algo por escasos céntimos.

Naves


Son dioses ilusos.

Se van.

¡A babor! ¡A remar!

Al oír a Dante

Lao-Tsé revela el alba.

Homero es ídolo.

Solázalo, Sol.

Odisea remó.



Háblale al Everest

O al Etna, Darío.

La ramera robaba naves.

S.O.S.

Ulises, oídnos. Se van.
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Las cinco


Nunca se acabará en nosotros
la tierra seca.
Cuando comiencen los rezos
será para morirse.
Todo termina en aquellos playones,
aquellas tierras largas, largas,
y eso que sopla,
que viene silbando por los postes,
y nosotros suspendidos en los declives
como vejigas.
Los portones,
tesoros de familia, no nos salvarán
de los arenales,
la tierra que pisas.
Por más que haya el verde de los fundos
resistiendo,
la calle del agua,
seremos bandoleros
llevados por el menor paso de aire.












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23


los que soñamos

sentimos el sueño más hermoso

nos morimos temprano

porque no somos sueños

ni pájaros

y el aire nos pesa

sin embargo con todo

volvemos cada noche

para morirnos de otro sueño


De para morirnos de otro sueño.

De 25 poemas

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Sobre la poesía


Siempre he creído que la poesía
es un don mezquino. No hay mayores razones
para sentirse orgulloso. No se trata
de los estigmas de San Francisco,
esa prueba irrefutable de la condición
de elegidos. Deberíamos ser humildes
pero nuestro castigo es la vanidad.

Una vez escribí que nuestro oficio
era sólo aproximativo y nunca alcanzaríamos
la fijeza de las estrellas. Quería decir,
me parece, que no llegamos a lo que sentimos.
Lo que sentimos es un círculo y el poema
es otro, más pequeño y hambriento.
La distancia entre ellos es el naufragio.

Treinta años más tarde, sigo pensando
que no es la poesía el mayor de los dones.
Pero, después de tantas líneas y borrones,
y las resmas de papel que han alimentado
mis cestos de basura, puedo decir
que ha servido para registrar las noches
y los días, Constanza y mi paisaje. No más.

Preludios (segundo libro), 2002.




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Poesía


Para Alfonzao Burgos T.


Poesía:
ese sórdido y cándido infierno
de mentir musitando a solas
en dolor
contra el sol
frente a la pared blanca
a la augusta puerta del llorar
frente a las cruces doradas de flores;
de beber por el sueño el topacio y el vidrio
por las tapias
tejados y rosas
que tu mano desprende;
por el silencio y los muñecos
que bajaron de un soplo a los sepulcros
por el frío que recorre las plazas
por todo lo que fue por todo lo que falta
y te toca y te aniebla
por tu herida en llamas
fija en tus pestañas
a tus ojos clavados al suelo
que te recibirá un día
sin quejarse por nada.









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I


Espero al poema
como aguardo el placer al inicio de la cópula,
lentísimo, fértil.
Espero al poema atisbando su llegada
en el ápice mismo donde cruje
y levanta las alas.
Espero al poema adviniéndome,
pulsándome desde el vacío mental,
demorándose bajo la red de mis nervios
inmóviles como la página blanca
que me arde en los labios.
Espero el poema, su olor difícil
en la pulpa del deseo,
su ráfaga entre las grietas de la atención,
su pausa virgen que la letra goza.
Espero al poema con los ojos de mi madre,
ávidos desde la muerte.


de La nada vigilante, 1994.

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Camino de agua


Siguen cayendo en la memoria
lluvias que no cesaron. Llenan
el día y más allá, cubren el mundo
y es el agua primera del primer río
que nunca deja de ser un reino/ de ser un sueño
y es el agua primera de la sed sucesiva
y el agua última de los últimos labios
bebiéndola para siempre.

Nada como un desierto para soñar el agua.
Cara roja del viento/ nada como la arena
para desear hasta la inclemencia
que se cambien sus granos en gotas de sosiego
y las gotas se cambien en secreta simiente
y así el desierto sería mar
y la mar una tierra fértil.

La fiesta del universo es un camino de agua
Las estrellas navegan, las piedras, los destinos
y el barro que se junta en los rincones de anochecer.
También la polvareda de los vientos del mundo
volando y deshaciéndose.


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Te voy a regalar un bolero


Te voy a regalar un bolero para que no me olvides
Te voy a embrujar, te lo juro. Te voy a embrujar
para que bailes ese bolero que te voy a regalar conmigo
Te voy a regalar un bolero
y con él te voy a regalar la noche
que lo cobija y el amanecer
Te voy a dar el aroma del bolero que te entrego
para que te embriagues
y para que vengas siempre que mi corazón te necesite
En fin
te voy a regalar un bolero
para que te lo pongas en el pecho
y salgas con él y me esperes allá
donde te lo pueda cantar para que nunca me olvides.










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Las guerras del cine


Budapest 54

Yo extranjero, Ella extraña húngara, nos entendíamos por señas y figuras. Paseamos por el Danubio gris y helado de diciembre. Oí música zíngara que conservé por años en un disco frágil.

Fuimos al cine. Soldados jóvenes y ágiles libraban una guerra ingenua en campos de primavera. Ella se apretó fuertemente contra mí, su mano reseca por el frío buscó mi pecho y yo aparté su abrigo espeso y encontré sus senos temblorosos. Vivíamos aquella guerra victoriosa, pero Ella estaba llorando. Quizás las lágrimas le borraban las imágenes del cine y le invadían desde su lejana memoria de niña los seres queridos que le llevó la guerra sangrienta.









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No me das nota, EZRA


No me das nota, Ezra.
Mis amigos poetas saben por qué.
Mis enemigos, que son pocos,
También lo saben.
Aún así, los venideros días
Y las flores umbrosas
Nos acordarán de ti.

Quisiera dar por cierto
Que la vida no tiene nada mejor
Que la hora de despertar
Junto a una mujer bien amada.

Aún están frescos los pálidos
Pétalos húmedos del lirio del valle
Pues ella duerme a mi lado en la alborada.

Cómo me tienta decir
Como tú a New York:
Sopla de ti un alma
Y vivirás para siempre.








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Huesped


No me siente usted en su alta mesa
no me tiente con sus manjares delicados
no me dé a beber de ese licor exquisito
no me deslumbre con sus ademanes
no resquebraje la aparente frialdad de mi cuerpo
no entre así, viento terrible, en mis días
no me enseñe el otro lado del poema
no me decrete nuevas emociones
no le conceda otro ritmo a mis noches
no borre la verdad de mis amaneceres
no diga que me ama
tendría miedo a la melancolía de la ausencia
Deme posada en el último cuarto
Allí donde nadie sepa
un sorbo de agua, apenas, para la sed
y sopa caliente para confortar el cuerpo
me iré cuando haya descansado
entraré
suavemente
en la noche
y caminaré bajo las estrellas.

de Amantes.

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Caos


Antes que el hombre nombrara
a través del caos
las cosas disonantes de la creación
existía la armonía
El cielo y la tierra cruzaban sus mensajes de fuego
uno al otro comunicaban sus fiestas
dolores y lamentos
Para nada había obstáculos
conversaban y se entendían perfectamente
Todo era hábil
Todo extendía su propio peso
su real valor
Sin miedo lo inútil se sabía en descanso
de la materia
luego
según la rueda perfecta de la fortuna
vivía su turno
Lo muerto no sufría
retornaría poco después
y lo vivo soportaba el vivir
pronto vendría el descanso natural

Antes que el pensamiento
creara la muerte
mucho antes que el hombre pensara
en el término de las cosas
y el caos abandonara su misión verdadera
todo era perfecto
todo era irrupción
azar.


Del libro inédito Metamorfosis

Lo puedo dejar en la poética


Unido a un extraño presagio, los límites
me llevan a la inconsciencia, y me apodero de un
rostro que aparece oculto
que es abominable, enfermo, despreciable
y se estremece en la memoria, arrebatándome la calma

Llego a confundir la belleza con el oficio y la costumbre
Mi naturaleza logra destruir lo que amo
Es un círculo
Me arrastra Me observa y Me delata

Presumo ser un ángel Me transformo
picoteo la inocencia
Retorcido señalado por la tempestad
Me persigo y no me abandono
Es la lujuria imposible
lo sórdido de la navegación
Una fatiga de combates
¡Tengo que recoger los trozos de la imagen!







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El viaje a biblos


Yo decidí un largo viaje en abril, presuroso
sorprendí a la puerta con dos grandes maletas
Era el único huésped interesante, que hablaba a las cosas
salí con mi caja de insectos y la carpeta de códigos ancestrales
bajo el brazo, en las valijas llevaba alguna ropa
el resto fueron libros de viajes ya leídos, mi plan consistía
en repartirlos al azar. Por la noche abandoné la casa
anduve veinte años viajando en mi sombra, la primera experiencia
fue unirme a un grupo numeroso de gitanos que marchaban a Biblos
les conté parte de mi vida, me permitieron subir a una de sus carretas
una carreta de color indefinido
En el camino aprendí a hacer trampas
a leer en los posos de café, nos deteníamos en las tabernas
y bebíamos hasta altas horas de la noche
No quisiera comentar algunas cosas más íntimas
como aquello de participar en orgías con hermosos seres
de sus sueños compartidos.







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El amor

El amor es la única verdad que resiste todas las mentiras.










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Augural


Aunque la gran verdad se llama arcilla, greda.
Aunque ligeros guijarros presagian
de la abisal noche el secreto
el azar del molinete de los días
valga tal vez por lo del juego.
Porque toda la sorpresa cabe
en el invento armado por un niño.
Cornucopia vertida desde un sin comienzo
confuso en la lejanía de la sed
lúdica de la esperanza y del apego.
Son sus nombres curiosidad, ansias, anhelos.










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Fragmento (?¿?¿)

Pienso
que como me acuesto como un
tigre
debo despertarme como dos
tigres
y al otro día
como tres
es decir
que dentro de varios siglos
seré un representante
cualitativo de la
ESPECIE.








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Los que piensan que les ha llegado la hora


Los que piensan que les ha llegado la hora
y se aprestan para asumir su destino
los que saben que siempre llegan a deshora
contra todo destino

los que escriben para sobresalir
no para encontrar la salida -¿hay salida?

los que sólo viven para poner la vida en palabras
los que escriben para poner la palabra en la vida

los que lo coleccionan todo para sentirse perdurables
los que han contemplado una sola vez la belleza
y ya ello les depara una riqueza un desamparo
para siempre

la vida no es avara ni para preservarla
hay que saber también arriesgarla
como en el amor: más fuerte cuando más lo alimenta
el desamor
más vívido cuando nace y se extingue cada día.







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